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En esta sección encontrará toda la información sobre la compañía, también dispone de la información sobre las producciones, así como una galería fotográfica
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COPPELIA
Ballet en 2 actos y 3 cuadros
Música: Leo Delibes
Libreto: Charles Nuitter, Arthur Saint-León sobre el cuento de E.T.A Hoffmann “El Hombre de arena” -
Redacción del libreto: Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov
Coreografía: Arthur Saint-León, Enrico Cecchetti, Marius Petipa, Natalia Kasatkina, Vladimir
Vasiliov - Decorados y vestuario: Elizaveta Dvorkina
Coppélia-muñeca-autómata: VICTORIA SMIRNOVA /SVETLANA SALTYKOVA
Dr. Coppelius: VLADIMIR MURAVLEV (Artista Emérito de Rusia, laureado de concurso Internacional, Primer premio en
Festival de Arte en USA)
Swanilda: EKATERINA BEREZINA (Artista Emérita de Rusia, laureada de concursos Internacionales, laureada del premio “El
alma de danza”) / DIANA KOZIREVA / SVETLANA LOBANOVA
Franz: NIKOLAY CHEVYCHELOV (Gran-pri de Concurso Internacional, laureado del premio «El alma de danza» en
nominación de «Estrella saliente») / ARTEM KHOROSHILOV /ALEXEY ORLOV
Burgomaeste: SERGEY BELORYBKIN (Artista Emérito de Rusia)
La mujer del Burgomaeste: GALINA LAPINA
Floristas: DIANA KOZYREVA, SVETLANA SALTYKOVA, NATALIA RYKOVA, OLGA REZVOVA
Comerciantes, cocineros: ILIYA ARTAMONOV, ANATOLY STRIZHAK, KIRILL SOBOLEV, PAVEL KIRYUKHIN
Amigas de Swanilda: SVETLANA LOBANOVA, EKATERINA STUROVA, KATERINA KHAPOVA, POLINA KYROVA,
SVETLANA SALTYKOVA, NATALIA ZHARKOVA
Amigos de Franz: NIKITA ELIKAROV, DANILL CHMYKHOV, SERGEY PETROV, ALEXANDERDIDENKO,
ANDREY BOLBOT
Muñecas, mecanismos: ALEKSANDRA KUDRYASHKINA, ASUKA KAKUYAMA, OLGA STARIKOVA, EKATERINA
SILANTYEVA, OLGA REZVOVA, OLESYA KOMAROVA
Muebles:
Sillón: KIRILL SOBOLEV
Armario: SERGEY PETROV
Organillo: ALEXEY KONKIN
Pegaso: IGOR TSYGANKOV
Cabezas: VLADIMIR YAKOVLEV, PAVEL KIRYUKHIN
Aurora: EKATERINA STUROVA
Oración de la mañana: KATERINA KHAPOVA / VICTORIA SMIRNOVA (Diplomada de concurso Internacional)
Trabajo de día: DIANA KOZIREVA, NATALIA RYKOVA
Atardecer: SVETLANA LOBANOVA, SVETLANA SALTYKOVA
Muñeca en la ventana: TAMARA GRIMMER
Reloj, Burgueses y Burguesas: LOS ARTISTAS DEL TEATRO
La versión de «Coppelia» del Ballet Clásico de Moscú prepara para el espectador muchas sorpresas: el
proceso de la creación del perfecto autómata – la Muñeca animada; sillón, armario y el organillo «vivos», un
decorado original y un fantástico vestuario de Elizaveta Dvorkina. La propia y original coreografía y una talentosa
adaptación de los fragmentos de los bailes antiguos, realizaDos por Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov, le da
una nueva visión a esta fantastica obra del ballet.
Primer acto
Prólogo. El taller del Dr. Coppelius. «¡Que bonita está! Le he entregado toda mi vida, he trabajado tanto. ¡Su mecanismo
mecánico, sus movimientos, sus ojos del esmalte – todo es mío!»
El Doctor Coppelius terminó su inspirado trabajo sobre su obra maestra, la muñeca Coppelia. Por fin, empieza a moverse,
empieza a andar y correr... pero, demasiado rápido. Coppelius sigue tras ella.
Primer cuadro. Plaza ferial. Swanilda es una chica alegre, con buen corazón y mucha fantasía. Franz un joven poeta le
declara su amor y le pide su mano, Swanilda sin dudar la acepta.
En la feria de la ciudad hay mucha alegría y mucha gente. Los ciudadanos y jovenes estudiantes compran las flores, las frutas y
también los libros. Llega Burgomaestre con su mujer. Todos quedan muy sorprendidos cuando aparece una estraña chica. Sus
movimientos son raros y algo mecánicos. Detrás de ella la sigue el Doctor Coppelius. Cuando el mecanísmo se para, la coge y se la lleva
a su casa.
La alegría continua, todos están acostumbrados a las estrañezas del Doctor Coppelius. De repente ven humo y destellos de luz
en la ventana de Coppelius... los ciudadanos se asustan. Pero, cuando se va el humo, ven en el balcón a una preciosa chica sentada en un
sillón y con un libro en sus manos. Coppelius la presenta a todos como su hija. Todos los hombres de la ciudad muestran el inter és
hacia ella.
Swanilda con sus amigas, enfadadas con sus amados por su traición, los sacan a bailar un baile con las espigas. Según una
antigua leyenda, si la espiga suena, entonces el joven la ama. Las espigas suenan, pero los chicos no dejan de mirar de vez en cuando al
balcón.
Franz se ha olvidado por completo de Swanilda, su alma de un poeta admiraba la ternura de Coppelia. Le parecía que ella le
miraba a él con sus preciosos ojos y esta mirada le decía más que cualquier idioma en la Tierra. Swanilda estaba desesperada. «Nunca,
nunca ma ha querído» pensaba ella.
Coppelius no ha dejado entrar en casa a Franz con sus amigos, pero pierde la llave de su casa. Swanilda y sus amigas logran
entrar en la casa de Coppelius. Coppelius entra detrás de ellas. Franz sube por la escalera a través del balcón, él necesita conocer a esta
preciosa desconocida.
Segundo cuadro. El taller del Doctor Coppelius. En la casa del Dr. Coppellius, Swanilda acompañada de sus amigas observa
los muñecos con interés y descubre que Coppelia, su rival, no es más que una muñeca. Las muchachas dan cuerda a los muñecos, y son
sorprendidas por el Dr. Coppelius. Asustadas, las amigas se van, menos Swanilda, quien se queja al Doctor que Franz ha preferido su
muñeca. Coppelius es feliz – ¡Franz tomó su “obra” por una chica viva! Aparece Franz por la ventana. Swanilda y Coppelius deciden
jugarle una broma. Swanilda se pone el mismo vestido que la Muñeca. Franz le confiesa al Doctor su amor por Coppelia. Coppelius dice
que su hija es libre de decidir. Coppelia asienta con la cabeza aceptando su amor y el Doctor llena las copas para celebrar la unión de los
prometidos.
El vino le sube a la cabeza y Franz se atreve a besar a Coppelia. Pero él está confundido, sus labios fríos como hielo de repente se
convierten en los labios ardientes, su mano helada empieza a tener pulso y sangre caliente. Pero de nuevo vuelve a sentir frío y sus
manos heladas. Swanilda vestida igual que Coppelia aparece y se esconde detrás de la Muñeca. Por fin, el vino deja de hacer efecto y
Franz se da cuenta que solo es una Muñeca mecánica, sin alma y sentimientos.
Pero Coppelius sigue con el juego. Swanilda interpreta como la muñeca cobra vida. De nuevo Franz jura su amor a Swanilda-
Coppelia. Mientras Coppelius se viste con un traje español, después irlandés, interpretando a los enamorados caballeros dispuestos a
casarse con ella. Por fin, Swanilda decide dejar de probar la fuerza del amor de Franz y se quita la peluca de Coppelia. Franz está
turbado y le pide perdón a Swanilda . Los dos se abrazan y se juran amar y ser fieles para siempre.
Segundo acto
Prólogo. El taller del Dr. Coppelius. «¡Es un triunfo! ¡Es una victoria! ¡Coppelia, mi Coppelia! ¡El creyó que estas viva!»
«¡Quiero, quiero, quiero esta Muñeca!» - La mujer del Burgomaestre pataleaba y daba golpecitos a su buen marido
exigiéndosela. Pero Coppelius es inflexible. Coppelia – es su mejor obra, con una perfecta mecánica, ¡y estos increibles ojos azules de
esmalte! Llorando suplicaba él no quitarle la muñeca con la que ha trabajado tanto. Pero los visitantes le tiran al Doctor una bolsa con
monedas de oro y desaparecen llevándose la Muñeca. Coppelius desesperado corre tras ellos.
Tercer cuadro. Sala del Celebraciones. Tocan las campanas. Vestida con un vestido de novia del color blanco Swanilda
estaba maravillosa. Los invitados toman una tarta de boda elaborada con frutas, pastelitos y cremas. Aparece Coppelia que baila
Chardash. Todos quedan maravillados. Pero entra el Doctor Coppelius que tira su bolsa con monedas de oro al Burgomaestre y se lleva
a su querida Muñeca. Después de una pequeña confusión la fiesta de ceremonia de boda continua.
Las amigas le regalan a Swanilda el baile de cuatro estaciones de día, con los deseos de larga y mesurada vida de casados.
Los ciudadanos tranquilamente juegan a los peones, y sus esposas hacen puntos de cruz. Y todos son felices. Pero el incidente
con la Muñeca mecánica ha indignado la tranquilidad de la ciudad y se ha convertido en un gran tema de conversaciones.
El Doctor continuó con sus provocaciones y bromas con Coppelia. Pero Swanilda y Franz estaban tan felices que no se daban
cuenta de las preocupaciones en la ciudad, donde a algunas bonitas muchachas las empezaban a tomar por las muñecas mecánicas.
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