Crítica de Mercedes Albi: Paseando por el mundo de los sueños: El Lago de los Cisnes del Ballet Clásico Internacional
Ha sido una delicia que las producciones de Tatiana Solovieva regresen a su cita veraniega en el Teatro Gran Vía. Ella siempre trae belleza, y cuando en el programa de mano leo que “lleva más de 35 años compartiendo la tradición del ballet clásico con España”, pienso en lo rápido que pasa el tiempo, y como a base de tesón y amor a la cultura Tatiana ha insertado en el ADN de nuestra ciudad su sello.
A base de tesón y amor a la cultura Tatiana Solovieva ha insertado en el ADN de nuestra ciudad su sello
Ayer el teatro estaba rebosante, y no se trataba de profesionales del sector de la danza, sino de personas corrientes cuyas conversaciones escuché de soslayo en el intermedio, que además habían incluso venido a Madrid desde otras ciudades para disfrutar de los espectáculos de la Gran Vía.
Pio Baroja se cuestionaba la razón de porqué no nos gusta asistir a un teatro vacío
Siempre me gusta observar al público. Recuerdo un razonamiento que escribió Pio Baroja en relación a este tema. El escritor se cuestionaba la razón de por qué no nos gusta asistir a un teatro vacío, porque si solo fuésemos a ver lo que hay sobre escena lo que hubiera en el patio de butacas nos resultaría indiferente. Y concluye: “el público forma parte del espectáculo”. Es indudable que “El lago de los cisnes” les llega, como acredita el hecho de han obtenido varios años (2013, 2015, 2018 y el 2025) el Premio del Teatro Rojas de Toledo al Mejor Espectáculo, un galardón votado directamente por la gente.
El Ballet Clásico Internacional a vuelto a ser galardonado en 2025 con el Premio del Teatro Rojas de Toledo el Mejor Espectáculo
¿Por qué toca el corazón? La belleza de la música de Tchaikovsky conforma un sustrato incuestionable. Pero es que cuando el Ballet Clásico Internacional abre el telón se despliega una ventana al mundo de los cuentos, a esa fantasía primigenia que todos albergamos en algún rincón de nuestra imaginación. Es como una caja de bombones. Los telones del pasado se hacen eternos y nos transportan al tiempo en que los ballets fueron concebidos. Es una especie de pureza. Y cuando abandonas el teatro, despiertas del sueño, pero con el agradable poso de haber vivido un dulce instante.
La compañía está formada por bailarines de distinta procedencia europea, bajo la dirección de Andrei Sharáyev.
Se despliega una ventana al mundo de los cuentos, a esa fantasía primigenia que todos albergamos en algún rincón de nuestra imaginación
Los solistas Tatiana y Nicolái Nazachevici fueron Odette/Odile y Sigfrido. Ella destaca por sus equilibrios, luciendo más sus dotes técnicas en el Cisne Negro que en el Blanco; Nicolai fue el Sigfrido perfecto, bailarín majestuoso y de dotes nobles, ambos fueron solistas principales en el Ballet Nacional Chino, el Ballet de la Ópera de Moldavia y, recientemente, Nicolái recibió la Medalla de Artista de Honor de Moldavia.
Alexander Litvinov fue un Rothbart muy elegante que quedaba a la par con los protagonistas; el Bufón de Cristian Preda, muy en su papel acrobático, despertó aplausos entusiastas.
El resto del elenco de bailarines está compuesto por Elizaveta Sávina (Ucrania), que se formó en la prestigiosa Escuela del Ballet Bolshói; Maria Litvínova (Ucrania), solista del Teatro de Dnipró; Serguéi Iliín (Moldavia) fue solista del Ballet de Philadelphia. La compañía también cuenta con bailarinas españolas, Sara Suárez y Nuria Martín, y con graduados de la Escuela de Ballet de Milán: Nicole Ferazzino, Sara Noveri, Gaia Bertolin, Sara Righini y Roberto Gadaldi.
Es una cita imprecindible, no hay que perderse este Lago que estará en el Teatro Gran Vía hasta el 2 de agosto.